Últimamente no acierto ni una a la hora de predecir cuando voy a trabajar. Cuando pienso “con este tiempo, hoy no viene ni el Tato” (no es que tenga un cliente llamado Tato, es solo una expresión popular) resulta que tengo cuatro clientes seguidos. Cuando no dispongo del piso para recibir todos quieren “Incalls”, cuando puedo recibir en casa, me mandan a la otra punta de la ciudad… ¡Qué rabia que me da! Habiendo tantos hoteles buenos en mi zona, tienen que hospedarse en la City, que está a tomar por saco de lejos. Y si están cerca, ese día el tráfico está fatal y un trayecto de diez minutos se convierte en media hora. Los fines de semana suelen ser muy tranquilos pero cuando hago planes para ir a alguna parte entonces me sale trabajo. Como hace unos domingos que tuve que acudir a un restaurante en el West End para una cita (comida + relax) y no se les ocurre otra cosa que celebrar San Patricio (patrón de los Irlandeses) cuatro días antes de la fecha y me cortan todas las calles alrededor del restaurante para que pase el desfile. Después de 45 minutos de taxi y 25 libras, el taxista me dejó en Westminster, a media hora de mi destino caminando. Menos mal que una tiene recursos para todo y llevo mis bailarinas en el bolso, porque con los tacones no habría llegado nunca. Para colmo al llegar a Trafalgar Square me encontré con el desfile y no se podía cruzar. Me metí en el metro y conseguí salir en el otro lado pero aun estaba lejos de Leicester Square. ¡MALDITO MURPHY! (el de la ley, y encima es un apellido irlandés) Una vez en la plaza no tenía muy claro por donde seguir así que eché mano de mi HTC Android que tiene localizador y seguí la flechita azul que se mueve en el mapa según vas caminando. Cuando llegué al restaurante completamente sudada y exhausta me alegré de que el cliente hablara un poco de español.
Cuatro horas después salí zumbando hacia mi casa porque la siguiente cita era en casa de un cliente que quería que llevara mi vestido de látex de enfermera.
Odio el metro de Londres pero era la única forma de llegar a casa rápido. De camino me llamaron por si quería otro servicio más tarde y dije que sí. Por aquello de aprovechar para cuando no haya (con esta recesión nunca se sabe). Después de la “revisión médica” y el “tratamiento” impuesto a mi cliente (tengo que decir que evoluciona favorablemente) me fui a casa a descansar y comer algo antes de la última cita.
Después de cenar me dio el bajón, ¡qué pereza salir ahora, porque habré dicho que sí! De camino al hotel, que estaba cerca de la Torre de Londres, empecé a pensar en la serie “Los Tudor” y en Ana Bolena y en todas las cabezas que rodaron en la Edad Media. “Buf, espero que el cliente sea majo “. Me abrió la puerta un hombre de mediana edad, atractivo, alto, atlético y con unos preciosos ojos azules. Más que follarme me hizo el amor, además estaba bien dotado y besaba de fábula. Me alegré de haber dicho que sí. Lo más gracioso es que era irlandés… Entonces perdoné a Murphy y su maldita ley.



3 comentarios:
Ay Su...muchas gracias por tus post, son un bálsamo...
Yo es que me he mediatizado tanto que no me atrevo a explicar expes...
Y gracias por tus consejos y recomendaciones.
Besos desde Barna
Al menos al final tus citas salieron bien ;) De cada tres citas mías, una sale mal. Se suele resumir en que el cliente me deja plantada o una vez que estamos cara a cara intentan modificar las condiciones: la tarifa, el tiempo, etc. Y no se por qué maldita razón da la casualidad de que suelen ser aquellas citas en las que vivo una odisea para llegar. Vuelvo a casa con unos rebotes...Incluso una vez le dije a un cliente que si se creía que yo tenía el tiempo para perderlo, que había dejado lo que estaba haciendo para ir acudir a la cita. Se quedó con una cara...Pero es que me da una rabia...siempre dejo mi tarifa muy clara, lo pone en el anuncio y cuando llaman lo repito, pero nada, parace que algunos se lo pasan por el forro.
Ayer mismamente dejé lo que estaba haciendo con una escusa un poco mala y salí pitando. Cogí un taxi, me comí todos los semáforos en rojo de Madrid, el atasco de los viernes, casi me bajo a sacar a un mendigo del medio de la carretera que pedía limosna y no dejaba a los coches circular...y ¿para qué? para que cuando legué al lugar el tio quisiera pagarme la mitad.
Lo bueno es que cada vez mis rebotes son menores.
Mil besos guapa!!!
Todas las profesiones tiene "pero´s". Cuantos hacemos presupuestos, nos marean y lo hacen despues con otros.
Pero nunca nos da como para ponerlo e quejarnos en un blog!!
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