Decepción
Mi amiga Abby me pasó un cliente que no podía atender. Se trataba de una cita con un caballero canadiense, desde las 12 del mediodía hasta la noche. El servicio incluía comer con el cliente, acompañarlo a los sex-shops del Soho y luego, en el hotel, cumplir sus fantasías. Entre otras cosas quería vestirse de mujer y que yo utilizara mi strap-on con él. La noche antes de nuestro encuentro me pidió que mirase una página web donde se anuncian transexuales y que eligiera la que más me gustara pues quería que ésta se uniera a nosotros durante una hora. De entre las que atendían a parejas, escogí una brasileña que me pareció muy guapa, femenina y voluptuosa.
Como creo en la ley de Murphy pensé en un plan “B”, es decir, llevar lencería, pelucas, zapatos y todo lo necesario para travestirlo por si no encontrábamos lo que queríamos en los sex-shops. En la maleta también puse mis juguetes.
Nos encontramos en su hotel y tras tomar un aperitivo y charlar sobre lo que quería subimos a la habitación a dejar la maleta. Le enseñé mis juguetes pero los consoladores le parecieron pequeños, quería algo realmente grande así que después de comer nos dirigimos al Soho. La mayoría de los sex-shops allí son para un público homosexual. Los strap-ons o arneses de cintura son algo que utilizan las mujeres y las lesbianas por lo que tras recorrer unos cuantos, al fin, encontramos algo que se podía adaptar a mi arnés: un pene enorme con testículos incluidos de un material similar al tacto de la piel. Unas horas después esa cosa enorme entraría en la boca y el ano de mi cliente y puedo asegurar que entró toda. Nunca había visto una garganta profunda tan “profunda”. Como siempre, mis predicciones se cumplieron. No encontramos ropa para travestirse y echamos mano de mi plan “B”.
Le ayudé a vestirse, lo maquillé y empezamos el juego. Al cabo de un rato llamamos a la transexual (aquí se suelen anunciar como TS girls o shemales) Estaba disponible y podía llegar a las siete. El cliente esperaría en el baño mientras que yo tenía que explicarle el juego (que yo era su novia pero que había descubierto que le gustaba travestirse y lo iba a castigar humillándolo a tener sexo con un pene de verdad). Llegó media hora tarde pero no la culpo porque en el Londres preolímpico lo raro es llegar puntual con tantas obras y calles cortadas.
Cuando abrí la puerta pensé que no era la de las fotos. Hay que felicitar al fotógrafo y al estilista porque quitando las extensiones del pelo, el maquillaje y el photoshop, lo único igual era el color de los ojos y los tatuajes. La segunda decepción fue la ropa, mas de mercadillo que glamurosa. Llevaba unos leggins que marcaban su culazo, una camiseta blanca muy ceñida que acentuaba sus enormes pechos y una cazadora. Un atuendo más apropiado para una chica que trabaja en la calle que una que cobra 250 libras por una hora. La lencería era un tanga y sujetador muy simples, que se quitó inmediatamente y solo se dejó unas medias muy tupidas, de las que se sujetan solas y que se veían muy baratas. Yo pensaba que siendo brasileña sería muy marchosa y divertida, pero la verdad es que no estaba por la labor. Lo primero que me preguntó es si teníamos porno en la televisión. El teléfono le sonó varias veces y una lo contestó. Estaba allí, sentada en la cama como el que espera el autobús, no se implicó para nada. A los quince minutos mi cliente me dijo que le pidiera que se marchara y que solo le pagara 250 libras pero no las 50 extra que pensaba darle para cubrir los gastos del taxi, que son voluntarios, y que normalmente te los dan si te enrollas bien.
Nunca vi a alguien vestirse tan rápido. Me dijo que la esperaban en otro hotel y que las transexuales trabajan más que las chicas, unos cinco o seis clientes por día. Así no me extraña que les de igual ocho que ochenta y que no se preocupen de fidelizar al cliente. Quizá es que ellas hacen solo servicios sexuales y no servicios de compañía como las chicas, y lo que les da morbo a los clientes es su pene y lo demás (la ropa, la lencería, la conversación…) es superfluo.
Me quedé con las ganas de tocarle las tetas porque yo solo he estado con mujeres con pechos naturales y tenía curiosidad por saber que textura tienen. El cirujano que la operó no debía ser muy bueno porque las cicatrices eran muy feas y visibles. Esa es una de las razones por las que no me he operado, me gustaría una talla más pero ¿y si me las dejan mal?
En fin, que visto lo visto pensé “Su, eres una crack”. Me acordé de los comentarios que leía en los foros sobre prostitución, donde los clientes se quejaban de algunas conductas de ciertas chicas. En ellos aprendí mucho sobre lo que los clientes esperan de una cita, y una de las cosas que más valoran es la implicación.
Al final, yo volví a casa con 1.000 libras (más unos cuantos regalos que me hizo) y la felicitación de mi cliente por haberle ayudado a cumplir sus fantasía con dedicación y esmero. El pene enorme también me lo llevé a casa, al fin y al cabo después de una buena faena el diestro se lleva el rabo…
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5 comentarios:
Leyendo tu blog estoy de acuerdo contigo, ¡Su, eres una crack! Siempre hablamos de implicación, pero lo importante es que la profesional trabaje con dedicación y esmero como tú bien dices, si no cuidas los detalles ganarás dinero pero no clientes. Un saludo,
Hola Su wapa hace tiempo que no me pasaba por tu blog.
Ya veo que en todas partes cuecen habas y que la profesionalidad veces es lo de menos...No sé en qué piensan.
Espero que estés bien.
Hola Montse. A pesar del frio estoy disfrutando bastante. Ya lei lo del Diario de Navarra. Totalmente de acuerdo contigo.
Un besazo guapa!
Gracias Amol por tu comentario.
Saludos
Su, que eres un crack es algo sabido por todos, y que eres una gran profesional una gran verdad, no me extraña tanto regalito
Si regresas avisa y nos tomamos ese cafelito o lo que se tercie :-)
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