Cada vez se ven más anuncios de chicas que dicen ser sumisas y ofrecen todo tipo de servicios sexuales.
Si bien es cierto que hay ciertas bebidas que pueden llegar a gustarte después de probarlas varias veces (la tónica, el bitter kas…), en el caso del sadomasoquismo la cosa es un poco más compleja y sofisticada. En la mayoría de los casos es una tendencia que se lleva dentro y que se descubre, unas veces por uno mismo, y otras porque alguien te introduce en el tema.
En mi opinión mezclar el sexo de pago y la sumisión femenina es algo que en la mayoría de los casos está condenado al fracaso. En primer lugar, y aunque parezca una paradoja, el “sadomasoquismo” sexual o intercambio de poder erótico, para que resulte satisfactorio y placentero, se ha de hacer con alguien que te importe y que realmente te guste. Durante el tiempo que tú eres el amo y ella tu esclava, tú le ordenas hacer esas cosas que sabes que va a hacer porque a ella le gusta (o le gustaría pero no se atreve) y ella las hará para complacerte y a la vez complacerse a si misma. Es un ejercicio de imaginación, de fantasía y de confianza. Ponerse en manos de un desconocido (como sumisa) puede ser excitante pero peligroso porque el otro no conoce los límites de la mujer y ella no sabe si él los respetará. Por eso entre los amantes del BDSM la pareja Amo/sumisa suele ser más o menos estable, pues se disfruta más cuanto más se conoce al otro y se van forzando esos límites poco a poco.
Por otra parte, lo mejor de la sumisión para muchas mujeres es poder interpretar un papel que en la vida diaria no es el suyo (el ama de casa que se transforma por unas horas en prostituta, la ejecutiva en objeto sexual, etc.). El contratar a una prostituta y llamarla puta y que haga todo lo que tú quieres después de abonar sus honorarios no tiene ninguna gracia pero que tu esposa te diga “esta noche voy a ser tu putita y voy a hacer todo lo que tu quieras” le da más color (a no ser que tu mujer no te guste nada y te hayas casado por otros motivos, que entonces casi mejor con la prostituta).
Los límites entre el sexo convencional o “vainilla” y el “kinky” o sadomaso cada vez son más difusos hoy en día y dependen de la persona. Yo considero el sexo oral y anal dentro del convencional pero para otras personas puede ser una perversión. Un bondage ligero, vendar los ojos, unos azotitos en las nalgas y algunas palabras soeces forman parte de los juegos de muchas parejas que practican sexo convencional y lo hacen para ponerle un poco de picante al asunto. Los juegos de sumisión/dominación y sadomasoquismo usan más parafernalia y son más de tipo psicológico.
Esto no quiere decir que no se puedan realizar este tipo de juegos con una escort (sobre todo si te gusta y ya la conoces) pero pierden su verdadera esencia.



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